¿Qué ha pasado aquí?

Volvimos a dar el cambiazo. No nos gustaba la política económica y dijimos “¡Ea! Es momento de cambiar las cosas”. Y en la televisión vimos cómo los indignados salimos a la calle, en busca de un cambio de sistema. Nos concentramos, nos dedicamos a alzar la voz, y a sentirnos más valientes que los de aquel Mayo del 68. Llenamos las calles, recorrimos el país de punta a punta, y esto parecía la continuación de lo que comenzó en la plaza Tahrir, personaje de la “primavera árabe”. “Esto ya marcha”, dijimos, pero al llegar a las urnas, la Península de lleno de azul.

Bueno, aún quedaba mucho camino. Continuamos, hicimos asambleas, ¡éramos muchos!  Y en Octubre creamos otra fecha parecida a aquella que nos dio nombre. Éramos jóvenes – y no tan jóvenes – con una estabilidad económica precaria, en una sociedad opaca y con un futuro gris. Junto a nosotros, el resto de la sociedad de generaciones anteriores, que ya en su momento comenzaron la lucha. Y nadie nos podía parar, de nuevo… pero las urnas aparecieron de nuevo, y la gaviota nos lleno las “palestinas” y las pancartas de mierda, de mucha mierda…

¿Qué ha pasado aquí? ¿A qué se debe que, si parecía que el Movimiento era cuasi-unánime, tras unas Elecciones haya una mayoría absoluta conservadora y neoliberal? Hay un poco de todo, y mucho que aún no llega a nada, pero si hay dos conclusiones evidentes.

Por un lado, ya sabéis el refrán: en el país de los ciegos, el tuerto es el rey. No es que esté llamando tuerto a nadie en concreto, pero sí que estoy llamando ciegos a una gran mayoría. ¿A quiénes? A esos españolitos medios, que no ejercen el voto con autonomía ideológica, sino a cabezazos, básicamente. Y volviendo al silogismo de los tuertos y los ciegos, tuertos somos muchos sí, pero es que ciegos hay muchos más. Hay quienes creen en un cambio de sistema, y somos muchos, ¿pero acaso España no se ve enorme al lado de Luxemburgo? ¿Y qué es esa diminuta Península Ibérica si la comparamos con Rusia? Los números sólo son números pero, mayores o menores según con qué lo compares. Como clones, los españolitos medios, de barrio, humildes u opulentos, sin izquierda ni derecha, llegan a nuestra misma conclusión: ¡Oh Dios mío! ¡El paro! ¡Mi dinero! ¡La prima esa de riesgo! Pero sin más datos, ni búsquedas de soluciones. Simplemente, si uno lo hace mal, el otro es la salvación. Así muchos dieron el giro hace 7 años, y ahora votan a quienes votan por la misma razón. Pasan del rojo al azul y del azul al rojo como quien cruza la acera, y sin más datos que los de “tú eres un niño muy malo, y el otro ahora es mucho más bueno que tú”. Lo que no ven es que, quizás, eso que están eligiendo ahora no van a solucionar lo que quieren solucionar. Harán lo mismo – en este caso, desde mi criterio, aún peor si cabe, y cómo no, más radical – y habrá que dejar pasar los días para que se quejen de nuevo.

Quizás otra razón, de la que no voy a generalizar pero que seguro que hay, es la razón oportunista. ¿Qué quiero decir con ello? Que hay mucho adicto a la moda. ¿Está de moda indignarse? ¡Pues nos indignamos! Y crean bulto, pero no aportan seso. Está muy bien quedar para echar un vistazo por Sol, y tocar la guitarra, pero luego utilizamos el voto para eso mismo, para que sea “útil”. Como decía mi abuela, de todo hay en la viña del Señor, y en esta viña contra el sistema, también hay hierba en mal lugar, o en el lugar equivocado.

Disculpen los que hasta ahora piensen que sólo estoy criticando sin aportar nada. ¡Aún no había llegado! No es propio de mi el amedrentarse al dar su opinión, y por eso estaba sectorizando a quienes hacen que España sea diferente. Porque yo creo que el Movimiento, o mejor dicho, creo en lo que significa, y en lo que busca. Yo me he manifestado, y creo que hay que cambiar el sistema. Pero cambiarlo y cortarlo de raíz. El sistema no es este en el que nos movemos desde dentro. No hablo de este sistema de mercados, del dominio de los opulentos. No hablo de optar por un gobierno que lo que va a hacer es coger la tijera donde menos debe. No a aquellos que van a dejar las políticas sociales, la educación y la sanidad igual que en los Estados Unidos. Ni mucho menos que la subida de impuestos sea descendente, y no ascendente, para que las grandes fortunas sigan con el bolsillo calentito. Y no a los que permitirán que sean otros los que tomen las riendas del país como si fuéramos  el objeto con el que hacer la buena acción del año. Que la crisis la paguen los que la originaron, y no sus víctimas. Que haya más Tobin; que desaparezca ese tal Hont. Y que no se atente contra el Estado del  Bienestar.

Pero esto no se puede hacer. No mientras la población permanezca ciega. Mientras ya no sólo exista el neoliberal lógico que lucha por sus propios intereses, sino también el obrero de derechas. Y también, por qué no, mientras el Movimiento no de un nuevo paso, y no se quede en el mero rumor de una plaza, en la burbuja del grito y no en la explosión hacia el pacto social y el dominio de la palabra con otros sectores – ya sea el sindical como el propio político.

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