La leche que derramó la economía

¿Quién no ha oído, o dicho alguna vez, eso de “pero si Europa tira litros y litros de leche porque a la economía no le interesa dársela a los países pobres”? La mayoría de la población mundial vive bajo la certeza plena de que el llamado Tercer Mundo existe gracias a los intereses del Primer Mundo, y derivado de esto, con la convicción de que no hacemos nada. No sería un acto honesto el contar ahora “milongas” sobre la revelación de una verdad escondida que nadie conoce, porque todos somos conscientes de la disparidad entre unos países u otros.

La revelación llega, y no como una revelación divina sino como una realidad obvia que muchos ocultan, cuando alguien modifica al culpable de esa leche derramada en vertederos. ¿Es la economía la culpable de litros y litros de néctar vacuno? Dios me libre de afirmar tal blasfemia. No es la economía, sino el modelo económico, puntualizando esto con el mayor énfasis que pueda dar.

Volviendo a este único ejemplo que forma parte de otros muchos hechos hipócritas de nuestro entorno, si los países más ricos desperdician recursos, bienes y servicios, es porque el remanente con el que podrían equilibrar las necesidades de los países más pobres desestabilizaría el comercio injusto entre aduanas, y con ello, las arcas serían menos ricas al existir un baremo distinto.  Este hecho es obvio, ¿pero de qué deriva esto? ¿De cualquier tipo de modelo? Para nada; las razones de estos intereses derivan del coste-beneficio, de las políticas monetarias actuales (las que han liderado los siglos XX y XXI) y de todo lo que engloba el capitalismo moderno.

Pero las cosas no son drásticas, como las hacemos ver. Siempre se dice que donde estamos estamos bien, y que los países con otros modelos económicos son pobres, autárquicos o locos. Mentira. Existen más modelos de los que nos creemos. Los modelos socialistas y/o comunistas van en un baremo más amplio del cliché con los que se marcan. Las políticas más plurales y solidarias, incluso políticas anteriores a los que la Revolución Industrial dio pie. ¿Quién conoce la economía islámica? ¿Y la bioeconomía? ¿Qué hay del decrecimiento económico? Como siempre, modelos alternativos que no se dan a conocer dentro de las aulas, porque no interesan. Podría seguir numerando, pero sólo puse algunos ejemplos que podrían buscar soluciones a la usura y la avaricia del hombre capitalista, y que también son economía.

Por todo esto, la economía puede ser la causante de la desigualdad a escala mundial, pero también puede conocerse economía como sinónimo de esperanza y justicia. No todos los economistas son aquellos que buscan marginalizar el el coste con el mayor beneficio, sino que hay economistas y pensadores que usan las herramientas para encontrar respuestas, buscar un mundo más justo y ser mejores personas con mejores sociedades.

Una vez más, volvemos a la infame creencia de que economía es una (¿grande y libre?), que no hay más modelos porque “el del siglo XXI es el único que ha triunfado” y no vemos que es en este, nuestro siglo XXI, cuando debemos abrir los ojos hacia las alternativas que nos saquen de un modelo gris y dispar.

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