Hijab: rebeldía, convicción e intransigencia

La economía en Arabia fue una revolución que hoy en día se sigue considerando, más allá de sus fundamentos religiosos, como una alternativa a la economía ortodoxa. El sistema económico sin intereses, y donde “el dinero no compra al dinero” (sistema del cuál hablaremos en el próximos artículos), da una pluraridad y una visión más solidaria y fraterna al vil capitalismo, aquel que como una pescadilla que se muerde la cola, crea egoísmo y es producto del mismo egoísmo. ¿Y sabeis quiénes fueron grandes pensadoras economistas? Mujeres musulmanas cercanas al profeta Muhammad, el hombre que, según la religión islámica, fue el último de los profetas de Dios y revolucionó, más allá de las creencias religiosas, las bases sociales hasta entonces conocidas.

Como sociedad, gran conocida por sus avances en ciencia y tecnología de la edad antigua, también dió pinceladas revolucionarias en la economía. Pero hoy no vamos a centrarnos en esto, sino en que es gracias al mundo occidental, y es cierto que junto a muchos de los propios musulmanes que hay corrompido las bases reales de sus creencias y modo de ver el mundo, los que han cavado un hoyo para el grupo de la verdadera comunidad de creyentes que, en el ámbito externo, llevan un modo de vida solidario y más cercano a los ideales de izquierdas, de socialismo e igualdad, que muchos occidentales aceptamos como lógicos y verdaderos. Nos centraremos pues en un subsector de este grupo humano: la mujer. Y con ello, en su símbolo más característico y a la vez más odiado: el hijab.

¿Sabeis qué hay detrás de un velo islámico? Hay más que un pelo recogido y oculto. Hay sentimientos, convicciones, y en aquellas mujeres que viven en países occidentales, también hay un ápice de rebeldía. Y eso me gusta, y mucho. Porque vivir en un país de occidente y llevar velo, es enfrentarse a las miradas de la gente, aún creyente de que “los moros son los que entraron en la Guerra Civil de la mano de Franco y cortaron cabezas” o que “son esas mujeres unas oprimidas por su sociedad”.

Cierto es que dentro de la sociedad de mujeres hijabis, hay un sector hipócritas, pero no como causa de esos hijabs sino resultado de que el Ser Humano es una infección que se expande por todas partes, y que también lo hace en la comunidad islámica, produciendo junto con las bacterias externas a ella la malinformación y el desbordamiento del verdadero significado del Islam. Aún así, hay grandes mujeres que llevan sus creencias e ideales con coherencia y fundamento, y que muchas de ellas saben el por qué llevan su pañuelo y están convencidas de llevarlo, como parte de sus principios. No obstante, muchas otras mujeres no llevan el pañuelo, pero no son ni mejores ni peores, simplemente llevan también en consecuencia sus razones y su escalón se basa en bases que aún no han alcanzado tal estatus. De un modo u otro, hablamos ahora de aquellas que sí lo llevan, y que por tanto añaden la carga de los comentarios de la sociedad.

¿Cuáles son esos comentarios? Innumerables…

Vienen aquí y nos imponen sus reglas“. Cuando nosotros vamos “allí” nadie nos obliga a llevar el hijab (Nota: Cierto es, para el que reclame lo que acabo de decir, que hay países en los que recomiendan llevar el velo al ser de profesión islámica, pero recordemos que este no es un país de confesión católica, sino aconfesional) en la mayoría de países musulmanes. De hecho, referenciemos a los países del Maghreb, Pakistan o Egipto, por ejemplo. Sin embargo, somos nosotros, occidentales, los que prohibimos su uso en juicios, centros educativos, etc. ¿Quién impone a quién?

Están oprimidas“. Nadie decide por nadie el llevar el pañuelo. Sólo una misma decide llevarlo y por qué llevarlo. Según la religión musulmana, no es una decisión de ningún humano excepto de Dios, y por ello, cada mujer tiene un designio respecto a llevarlo o no, en base a sentir o no esa llamada. La mujer en el Islam es libre, e incluso tiene derechos iguales a los hombres mucho antes que la mujer que los alcanzó en la sociedad occidental.Somos nosotros los que, pretendiendo liberarlas de un mal que nadie ve más que nosotros, las oprimimos más y más.

Europa, centro de la violencia mental que las barreras están creando, se une a la lucha contra el distinto e inferior. Y gracias a ello, muchas de esas mujeres, que tienen en su vida privada una confesión de la cual son libres de tener, se enfrentan a su Goliath de intransigencia por los pasillos de las universidades, centros de trabajo, etc.

Apuesto a que, de haber conocido un poco más sobre el tema, Luxemburgo hubiera dicho algo al respecto.

Discussion Area - Leave a Comment