¿Qué ha pasado aquí?

Volvimos a dar el cambiazo. No nos gustaba la política económica y dijimos “¡Ea! Es momento de cambiar las cosas”. Y en la televisión vimos cómo los indignados salimos a la calle, en busca de un cambio de sistema. Nos concentramos, nos dedicamos a alzar la voz, y a sentirnos más valientes que los de aquel Mayo del 68. Llenamos las calles, recorrimos el país de punta a punta, y esto parecía la continuación de lo que comenzó en la plaza Tahrir, personaje de la “primavera árabe”. “Esto ya marcha”, dijimos, pero al llegar a las urnas, la Península de lleno de azul.

Bueno, aún quedaba mucho camino. Continuamos, hicimos asambleas, ¡éramos muchos!  Y en Octubre creamos otra fecha parecida a aquella que nos dio nombre. Éramos jóvenes – y no tan jóvenes – con una estabilidad económica precaria, en una sociedad opaca y con un futuro gris. Junto a nosotros, el resto de la sociedad de generaciones anteriores, que ya en su momento comenzaron la lucha. Y nadie nos podía parar, de nuevo… pero las urnas aparecieron de nuevo, y la gaviota nos lleno las “palestinas” y las pancartas de mierda, de mucha mierda…

¿Qué ha pasado aquí? ¿A qué se debe que, si parecía que el Movimiento era cuasi-unánime, tras unas Elecciones haya una mayoría absoluta conservadora y neoliberal? Hay un poco de todo, y mucho que aún no llega a nada, pero si hay dos conclusiones evidentes.

Por un lado, ya sabéis el refrán: en el país de los ciegos, el tuerto es el rey. No es que esté llamando tuerto a nadie en concreto, pero sí que estoy llamando ciegos a una gran mayoría. ¿A quiénes? A esos españolitos medios, que no ejercen el voto con autonomía ideológica, sino a cabezazos, básicamente. Y volviendo al silogismo de los tuertos y los ciegos, tuertos somos muchos sí, pero es que ciegos hay muchos más. Hay quienes creen en un cambio de sistema, y somos muchos, ¿pero acaso España no se ve enorme al lado de Luxemburgo? ¿Y qué es esa diminuta Península Ibérica si la comparamos con Rusia? Los números sólo son números pero, mayores o menores según con qué lo compares. Como clones, los españolitos medios, de barrio, humildes u opulentos, sin izquierda ni derecha, llegan a nuestra misma conclusión: ¡Oh Dios mío! ¡El paro! ¡Mi dinero! ¡La prima esa de riesgo! Pero sin más datos, ni búsquedas de soluciones. Simplemente, si uno lo hace mal, el otro es la salvación. Así muchos dieron el giro hace 7 años, y ahora votan a quienes votan por la misma razón. Pasan del rojo al azul y del azul al rojo como quien cruza la acera, y sin más datos que los de “tú eres un niño muy malo, y el otro ahora es mucho más bueno que tú”. Lo que no ven es que, quizás, eso que están eligiendo ahora no van a solucionar lo que quieren solucionar. Harán lo mismo – en este caso, desde mi criterio, aún peor si cabe, y cómo no, más radical – y habrá que dejar pasar los días para que se quejen de nuevo.

Quizás otra razón, de la que no voy a generalizar pero que seguro que hay, es la razón oportunista. ¿Qué quiero decir con ello? Que hay mucho adicto a la moda. ¿Está de moda indignarse? ¡Pues nos indignamos! Y crean bulto, pero no aportan seso. Está muy bien quedar para echar un vistazo por Sol, y tocar la guitarra, pero luego utilizamos el voto para eso mismo, para que sea “útil”. Como decía mi abuela, de todo hay en la viña del Señor, y en esta viña contra el sistema, también hay hierba en mal lugar, o en el lugar equivocado.

Disculpen los que hasta ahora piensen que sólo estoy criticando sin aportar nada. ¡Aún no había llegado! No es propio de mi el amedrentarse al dar su opinión, y por eso estaba sectorizando a quienes hacen que España sea diferente. Porque yo creo que el Movimiento, o mejor dicho, creo en lo que significa, y en lo que busca. Yo me he manifestado, y creo que hay que cambiar el sistema. Pero cambiarlo y cortarlo de raíz. El sistema no es este en el que nos movemos desde dentro. No hablo de este sistema de mercados, del dominio de los opulentos. No hablo de optar por un gobierno que lo que va a hacer es coger la tijera donde menos debe. No a aquellos que van a dejar las políticas sociales, la educación y la sanidad igual que en los Estados Unidos. Ni mucho menos que la subida de impuestos sea descendente, y no ascendente, para que las grandes fortunas sigan con el bolsillo calentito. Y no a los que permitirán que sean otros los que tomen las riendas del país como si fuéramos  el objeto con el que hacer la buena acción del año. Que la crisis la paguen los que la originaron, y no sus víctimas. Que haya más Tobin; que desaparezca ese tal Hont. Y que no se atente contra el Estado del  Bienestar.

Pero esto no se puede hacer. No mientras la población permanezca ciega. Mientras ya no sólo exista el neoliberal lógico que lucha por sus propios intereses, sino también el obrero de derechas. Y también, por qué no, mientras el Movimiento no de un nuevo paso, y no se quede en el mero rumor de una plaza, en la burbuja del grito y no en la explosión hacia el pacto social y el dominio de la palabra con otros sectores – ya sea el sindical como el propio político.

Un títere llamado Media

Al fin llegas a casa después de un duro día. Quitándote los zapatos y todas las prendas más molestas casi en mitad del pasillo, vas a la cocina y abres la despensa. No hay mucho, pero pillas lo primero que se te planta frente a tus ojos. ¿Pepinillos en vinagre? ¿Patatas? ¿Frutos secos? ¡Qué más da! Cualquier cosa para adornar tu momento más sedentario e inútil del día. Y entonces llegas al salón y te desplomas en el sofá. A tientas, rebuscas entre los cojines para al fin encontrar el mando a distancia; enciendes; esperas a que la pantalla se ilumine… y ¡zas! Ya estás atrapado.

Tienes dos opciones, pero claro, me vas a decir que la de ver novelas o sentirte inmerso en la vida de los famosillos no es la que escoges. Tú eres más de ver las noticias, porque los programas líderes de audiencia es por otros y no por tí, minoría interesada por temas más serios. En fin, lo típico, y algo que no voy a discutir contigo ahora, porque no es el caso (pero ¡ay! ¡Que a mi no me engañas, criatura!). Llegamos entonces a la idea de que ves las noticias… ¿es que no ves que casi es mejor ver los programas del corazón?

Claro, si nos ceñimos a lo que los medios no meten en la cabeza, el mundo va muy, muy mal. Mejor dicho, el que va fatal es el mundo oriental. Occidente es la leche, claro. Y mira si es la leche, que con calzoncillos por encima de las medias está salvando a Oriente de sus peleas de recreo. Estos críos… Pero tranquilos, que con la ayuda de EurUSA, quitaremos a los dictadores - antes amigos - del mapa y haremos de todo Oriente Medio más que cuando Iraq. ¡Qué buenos somos! Eso sí, a ver si Siria para ya de liarla en todos sitios y a ver si Bahr… ah no, calla, ya no se habla de otros Estados. Sólo de los que interesan.

¡Oh! Ahora sale Grecia… si es que tenéis que aprender a controlaros, no podéis gastar en dinero en caprichitos. El malgasto público, la sanidad…. bueno, pero Europa está ahí, apoyando como siempre. La solución está en inyectar dinero a los bancos, y punto. No es que no funcione la cosa, sino que Grecia sigue a lo suyo y continúa malgastando. Cuando la echen a patadas de la Unión Europea, que nadie diga que fue víctima, ¡es que ella estaba provocando!

La economía, cómo no, va fatal. Qué maaaaal… qué maaaaal… todos hablamos y comentamos sobre la prima de riesgo, que si la bolsa baja, que si todo es culpa del gobierno… ¡malos, malos y malos! Desde luego, allá afuera,cruzando los Pirineos, sí que lo hacen bien. Deberíamos fijarnos un poquito más en ellos.  Ais…

Por cierto ¿15M? ¿Qué era eso? Ah sí, ya debe de haber pasado de largo porque no dan noticias de nada así… curioso.

Desde luego, las noticias son deprimentes. Lo mires por donde lo mires, todo va muy mal… ¡hombre! Al menos, ya ha salido del hospital el torero ese que, nah, se tomó algo para la digestión y mató a alguien al volante, dicen… ¡torero! ¡Campeón!

Leyendo

Hace 10 minutos he decidido releer una gran obra: “Historia de la Economía” de John Kenneth Galbraith. Y nada más llegar a la página 14, ya comienzan las delicias capciosas:

“Si el conocimiento económico fuera impecable, el sistema económico vigente en el mundo no socialista no podría sobrevivir. Si alguien pudiera saber con precisión y certeza qué había de suceder con los salarios, los tipos de interés, los precios de los bienes, el desempeño de diferentes empresas e industrias y los precios de los valores y títulos, se trataría de una persona privilegiada que no tendría ningún interés  en transmitir o vender su información al prójimo, sino que la utilizaría en su propio beneficio. En un mundo de incertidumbre, su monopolio de la certeza sería supremamente rentable. Pronto estaría en posesión de todos los bienes intercambiables, mientras que cuantos se vieran enfrentados a semejante conocimiento tendrían que sucumbir. Dios nos guarde de que alguien tan bien dotado fuera socialista

Lo siento, inconformistas. Tengo que seguir leyendo.

La leche que derramó la economía

¿Quién no ha oído, o dicho alguna vez, eso de “pero si Europa tira litros y litros de leche porque a la economía no le interesa dársela a los países pobres”? La mayoría de la población mundial vive bajo la certeza plena de que el llamado Tercer Mundo existe gracias a los intereses del Primer Mundo, y derivado de esto, con la convicción de que no hacemos nada. No sería un acto honesto el contar ahora “milongas” sobre la revelación de una verdad escondida que nadie conoce, porque todos somos conscientes de la disparidad entre unos países u otros.

La revelación llega, y no como una revelación divina sino como una realidad obvia que muchos ocultan, cuando alguien modifica al culpable de esa leche derramada en vertederos. ¿Es la economía la culpable de litros y litros de néctar vacuno? Dios me libre de afirmar tal blasfemia. No es la economía, sino el modelo económico, puntualizando esto con el mayor énfasis que pueda dar.

Volviendo a este único ejemplo que forma parte de otros muchos hechos hipócritas de nuestro entorno, si los países más ricos desperdician recursos, bienes y servicios, es porque el remanente con el que podrían equilibrar las necesidades de los países más pobres desestabilizaría el comercio injusto entre aduanas, y con ello, las arcas serían menos ricas al existir un baremo distinto.  Este hecho es obvio, ¿pero de qué deriva esto? ¿De cualquier tipo de modelo? Para nada; las razones de estos intereses derivan del coste-beneficio, de las políticas monetarias actuales (las que han liderado los siglos XX y XXI) y de todo lo que engloba el capitalismo moderno.

Pero las cosas no son drásticas, como las hacemos ver. Siempre se dice que donde estamos estamos bien, y que los países con otros modelos económicos son pobres, autárquicos o locos. Mentira. Existen más modelos de los que nos creemos. Los modelos socialistas y/o comunistas van en un baremo más amplio del cliché con los que se marcan. Las políticas más plurales y solidarias, incluso políticas anteriores a los que la Revolución Industrial dio pie. ¿Quién conoce la economía islámica? ¿Y la bioeconomía? ¿Qué hay del decrecimiento económico? Como siempre, modelos alternativos que no se dan a conocer dentro de las aulas, porque no interesan. Podría seguir numerando, pero sólo puse algunos ejemplos que podrían buscar soluciones a la usura y la avaricia del hombre capitalista, y que también son economía.

Por todo esto, la economía puede ser la causante de la desigualdad a escala mundial, pero también puede conocerse economía como sinónimo de esperanza y justicia. No todos los economistas son aquellos que buscan marginalizar el el coste con el mayor beneficio, sino que hay economistas y pensadores que usan las herramientas para encontrar respuestas, buscar un mundo más justo y ser mejores personas con mejores sociedades.

Una vez más, volvemos a la infame creencia de que economía es una (¿grande y libre?), que no hay más modelos porque “el del siglo XXI es el único que ha triunfado” y no vemos que es en este, nuestro siglo XXI, cuando debemos abrir los ojos hacia las alternativas que nos saquen de un modelo gris y dispar.

Reuniones sin sentido

(Nota previa: Debo disculparme por mi ausencia reciente. El trabajo, junto con los estudios, me han tenido saturada de tiempo libre. Espero que ahora, que llega el descanso veraniego, pueda mantener esto más vivo, como la vida misma se merece).

Es curioso ver cómo en estos días, todo el mundo se reune para solucionar los problemas económicos del mundo. El G8, el club Bildergberg, el G9, el G20 (¡todos los G que queramos inventar!)… todos ellos, para solucionar la crisis, el hambre y la sed de justicia. Todos, para hacer un gran “paripé” tras el que se esconde el núcleo de la creación del problema.

Los magnates del oligopolio mundial hacen ver que están preocupados, y que luchan por reformar y reformar, una y otra vez, en pos de la población mundial, y de sus puestos de trabajo. Mentira. Sucia mentira. Lo único que hacen es mover lo mismo que mueven los escarabajos, para hacer la pelota más grande. Sus decisiones sólo benefician a la patronal, al despido improcedente y sí, potencian el empleo pero… ¿nadie se da cuenta que con la rotación lo único que se hace es engordar las estadísticas?

Cómo no, también está el conflicto…. EL CONFLICTO. Todo el mundo sabe que nos referimos a Israel y Palestina. Y claro está, todos los que se reúnen están muy lamentados y consternados por lo último que ha pasado (siempre por lo último, dejando atrás todo lo demás, el día a día). ¿Pero dónde está la condena radical? ¿Dónde quedan las medidas, aquellas que también deberían ser, a estas alturas de la película, radicales? Ah sí, ya sabemos dónde se quedan: se quedan en los contratos firmados con El país sionista; se quedan en los intereses capitalistas. Y mientras se reúnen, el pueblo palestino muere con el dedo índice en álto, y las balas en el pecho.

También hay que reunirse para esconder a Grecia bajo una manta. ¡Menuda panda de descerebrados, que han llevado su país a la ruina y ahora se manifiestan con violencia! ¿Quién los ha llevado a esa situación, si no es la presión de los otros países, el arrastre de una divisa a la que no pueden hacer frente por culpa de la desigualdad de la Unión? Pero mientras, se siguen reuniendo, y en vez de querer aportar un grano de arena, sólo se dedican a decir que hay que inyectar fondos a las islas… pero también a decir que hay que eliminarlos porque son un lastre pesado. Tiempo al tiempo, que ya están diciendo lo mismo de nosotros, los españolitos…

Hablando de españolitos… nosotros también nos reunimos. Nos reunimos para tratar cosas tan primordiales y de gran transcendencia como el hijab y el burka. Nos reunimos, como siempre, para saber priorizar y jerarquizar en orden de importancia. Porque claro, todas están oprimidas (que nadie dice que no las haya, que a ver si nos enteramos que hijos de (censored) los hay en todos los países, etnias, religiones y condiciones… y muchos por desgracia, ¡muchísimos!) Tenemos una reforma laboral injusta,

¿Mantener el Gasto Público o desatar la política fiscal? ¿Austeridad o continuidad de la liberalización? ¿Pincho de tortilla o manteca colorá? Básicamente, debates absurdos que no llegan a nada, porque al final, todo es lo mismo.

Bueno, entiendo que en este país, con eso de que hace décadas no nos podíamos reunir más de tres, ahora tengamos demasiadas ansias, pero los demás no tenían ese bloqueo, ¿no? En fin, como dice Serrano, ya nadie canta Al Vent, pero tampoco es que hagan caso a los que aún lo cantan…

Padre nuestro, de todos nosotros…

Padre nuestro, de todos nosotros.

De los pobres, de los sin techo,

de los marginados y los desprotegidos,

de los desheredados y de los dueños de la miseria,

de los que te siguen, y de los que en tí ya no creemos…

Baja de los cielos, pues aquí está el infierno.

Baja de tu Trono, pues aquí hay guerras, hambre, injusticias.

No hace falta que seas uno y trino;

con uno solo que tenga ganas de ayudar, nos bastaría.

¿Cuál es tu reino? ¿El Vaticano? ¿La banca? ¿La alta política?

Nuestro reino es Nigeria, Etiopía, Colombia, Hiroshima…

El pan nuestro de cada día son las violaciones, la violencia de género,

la pederastia, las dictaduras, el cambio climático.

En la tentación caigo a diario. No hay mañana en la que no esté tentado

de cread a un Dios humilde, justo.

Un Dios que esté en la tierra, en los valles, en los ríos.

Un Dios que viva la llucia, que viaje a través del tiempo,

y acaricie nuestra alma.

Un Dios de los tristes, de los homosexuales.

Un Dios más humano.

Un Dios que no castigue; que enseñe.

Un Dios que no amenace; que proteja.

Que si me caigo, me levante; que si me pierdo, me tienda su mano.

Un Dios que si yerro, no me culpe, y que si dudo me entienda

pues para eso me dotó de inteligencia, para dudar de todo.

Esto es un fragmento de “La cantata del Diablo”, canción del grupo madrileño Mago de Oz que al final de la pieza reza estas palabras. Y yo personalmente no le dedico tales críticas a Dios, como ser inmaterial y omnipotente. No se lo dedico a la fé de quienes creen y a quienes respeto si sus creencias son de buena intención. No se lo dedico a los que llevan sus creencias con humildad, privacidad y sentido común. Tampoco se lo dedico a quienes creen en Dios de un modo lógico, ajenos a lo material. Esto, va dedicado al Dios del Vaticano. A Dios manipulado por y para el lucro de la mayor empresa a nivel mundial: la Iglesia Católica.

Una empresa que desde sus inicios, y a golpe de fusta y penitencia de silicio, han expendido la hipocresía, el pecado del mundo, la desvirtuación, el colonialismo y la desigualdad… la sangre que ahora critican de otras religiones. Aquellos que en vez de evangelizar, han hecho de muchos, incluída yo, alejarnos del opio del pueblo que en numerosas ocasiones mansa a los desprotegidos y da esperanza a al humanidad desde el comienzo de la Existencia.

Jesús, profeta del bien y del socialismo, aquel que según cuentan no ostentaba riquezas, es ahora la razón y excusa de la acumulación onerosa del clero. Encabeza a una organización mafiosa, que nos quiere dominar y controlar con la ley de “haz lo que yo te diga y no lo que yo haga”. Y es muy triste, además, que últimamente en los medios de comunicación salgan a la luz temas que todos conocemos de buena tinta, y en vez de disculparse sigan azotándonos con su cinismo.

Muchos creen que todo “rojo” es ateo, si bien lo he sido gracias a ellos, a los culpables de mal en la Tierra, a los primeros capitalistas. Pero yo creo en Dios, no en el Dios que esas primeras palabras citadas critica, sino en el Dios que desean. El que debería tener la Iglesia. El que verdaderamente hacía del mundo un mundo más social, plural, solidario, cooperativista y bueno. Creo en el Dios de otras religiones que según el Vaticano no son reales, pero que realmente predican una verdad más humana. Y en el Dios que no es manipulable, porque bien cabe decir que al final, humanos interesados los hay de uno a otro confín del planeta, y que la hipocresía se levanta en todos los estamentos religiosos. Creo en la esperanza por ser buenas personas, en la utopía hecha una realidad bajo una mano invisible, pero solidaria.

Y por ello, le pido ese, mi Dios, y no el de otros muchos, que tenga misericordia de la Iglesia como organización material, porque verdaderamente no sabe lo que hace…

Hijab: rebeldía, convicción e intransigencia

La economía en Arabia fue una revolución que hoy en día se sigue considerando, más allá de sus fundamentos religiosos, como una alternativa a la economía ortodoxa. El sistema económico sin intereses, y donde “el dinero no compra al dinero” (sistema del cuál hablaremos en el próximos artículos), da una pluraridad y una visión más solidaria y fraterna al vil capitalismo, aquel que como una pescadilla que se muerde la cola, crea egoísmo y es producto del mismo egoísmo. ¿Y sabeis quiénes fueron grandes pensadoras economistas? Mujeres musulmanas cercanas al profeta Muhammad, el hombre que, según la religión islámica, fue el último de los profetas de Dios y revolucionó, más allá de las creencias religiosas, las bases sociales hasta entonces conocidas.

Como sociedad, gran conocida por sus avances en ciencia y tecnología de la edad antigua, también dió pinceladas revolucionarias en la economía. Pero hoy no vamos a centrarnos en esto, sino en que es gracias al mundo occidental, y es cierto que junto a muchos de los propios musulmanes que hay corrompido las bases reales de sus creencias y modo de ver el mundo, los que han cavado un hoyo para el grupo de la verdadera comunidad de creyentes que, en el ámbito externo, llevan un modo de vida solidario y más cercano a los ideales de izquierdas, de socialismo e igualdad, que muchos occidentales aceptamos como lógicos y verdaderos. Nos centraremos pues en un subsector de este grupo humano: la mujer. Y con ello, en su símbolo más característico y a la vez más odiado: el hijab.

¿Sabeis qué hay detrás de un velo islámico? Hay más que un pelo recogido y oculto. Hay sentimientos, convicciones, y en aquellas mujeres que viven en países occidentales, también hay un ápice de rebeldía. Y eso me gusta, y mucho. Porque vivir en un país de occidente y llevar velo, es enfrentarse a las miradas de la gente, aún creyente de que “los moros son los que entraron en la Guerra Civil de la mano de Franco y cortaron cabezas” o que “son esas mujeres unas oprimidas por su sociedad”.

Cierto es que dentro de la sociedad de mujeres hijabis, hay un sector hipócritas, pero no como causa de esos hijabs sino resultado de que el Ser Humano es una infección que se expande por todas partes, y que también lo hace en la comunidad islámica, produciendo junto con las bacterias externas a ella la malinformación y el desbordamiento del verdadero significado del Islam. Aún así, hay grandes mujeres que llevan sus creencias e ideales con coherencia y fundamento, y que muchas de ellas saben el por qué llevan su pañuelo y están convencidas de llevarlo, como parte de sus principios. No obstante, muchas otras mujeres no llevan el pañuelo, pero no son ni mejores ni peores, simplemente llevan también en consecuencia sus razones y su escalón se basa en bases que aún no han alcanzado tal estatus. De un modo u otro, hablamos ahora de aquellas que sí lo llevan, y que por tanto añaden la carga de los comentarios de la sociedad.

¿Cuáles son esos comentarios? Innumerables…

Vienen aquí y nos imponen sus reglas“. Cuando nosotros vamos “allí” nadie nos obliga a llevar el hijab (Nota: Cierto es, para el que reclame lo que acabo de decir, que hay países en los que recomiendan llevar el velo al ser de profesión islámica, pero recordemos que este no es un país de confesión católica, sino aconfesional) en la mayoría de países musulmanes. De hecho, referenciemos a los países del Maghreb, Pakistan o Egipto, por ejemplo. Sin embargo, somos nosotros, occidentales, los que prohibimos su uso en juicios, centros educativos, etc. ¿Quién impone a quién?

Están oprimidas“. Nadie decide por nadie el llevar el pañuelo. Sólo una misma decide llevarlo y por qué llevarlo. Según la religión musulmana, no es una decisión de ningún humano excepto de Dios, y por ello, cada mujer tiene un designio respecto a llevarlo o no, en base a sentir o no esa llamada. La mujer en el Islam es libre, e incluso tiene derechos iguales a los hombres mucho antes que la mujer que los alcanzó en la sociedad occidental.Somos nosotros los que, pretendiendo liberarlas de un mal que nadie ve más que nosotros, las oprimimos más y más.

Europa, centro de la violencia mental que las barreras están creando, se une a la lucha contra el distinto e inferior. Y gracias a ello, muchas de esas mujeres, que tienen en su vida privada una confesión de la cual son libres de tener, se enfrentan a su Goliath de intransigencia por los pasillos de las universidades, centros de trabajo, etc.

Apuesto a que, de haber conocido un poco más sobre el tema, Luxemburgo hubiera dicho algo al respecto.

Los premios del humor: de cómo la sociedad no valora por criterio propio.

Después de las vacaciones, me encuentro con mucho material suculento que rapiñar y desmenuzar con sarna, pero es tanto que no sabía por dónde empezar. Así pues, he elegido finalmente por comenzar por la última carcajada de mofa que me ha producido la actualidad mundial.

No es que haya considerado nunca a los premios Nobel como una consideración de honra, sino más bien preocupante. Y digo preocupante porque si algún día me nominaran para ello, me preocuparía. No es que piense que me lo merezco, sino que su valor es más mediático y controlado por el capital que lo mueve que puramente honorífico.

Y ahora, el Yes We Can, como no podía ser de otra manera, se lleva el de la Paz. ¿Estamos locos o qué? No es que Mr. Obama sea el mayor tirano del mundo, ¿pero desde cuándo un presidente del gobierno estadounidense se merece un precio a la Paz? El País con más guerras declaradas en el mundo, con pena de muerte legal en sus estados, con mayor liberación comercial y altos niveles de déficit (lo que crea más desigualdades entre los países del primer y del “quinto” mundo), ese, su representante, se lleva un premio por la Paz. ¡Ese que se mantuvo en silencio durante los bombardeos a Gaza! ¡Aquel quien en los medios de televisión quiere hacernos ver cómo es el protagonista del apretón de manos entre los presidentes palestinos e israelí! Definitivamente, sí, estamos locos.

Son los Nobel un premio de prestigio que se ciñe por el imperante sentimiento de “lo que debe ser” o “lo que nos interesa que sea”. Pero somos nosotros los seres humanos, aún creyentes del eurocentrismo, los que decimos sí a todos y tenemos el cerebro lavado por la dominación desigual de los peces gordos. ¿Alguna vez se ha visto un Premio Nobel de Economía concedido a un heterodoxo? ¡NUnca! Porque no interesa, porque no puede considerarse como bueno el trabajo de los que no apoyan los métodos liberales que nos inyectan las sectas de lo ortodoxo.

Y ahora dicen “es que ha destinado el dinero del premio a fines sociales”. Claro está, no iba a quedárselo descaradamente. Esto es similar a aquel niño que dice que no a un trozo de tarta porque sabe que su madre va a regañarle. Por dentro se muere de ganas, pero no quedaría bien si lo hiciera.

Así pues, ya que la propaganda hacia el señor Luther King II ha sido tanexcepcional, ahora hay que continuarla con este tipo de cosas… y no digo que sea igual que su antecesor, el que esquiva zapatos, pero no es digno de un premio por la Paz. Hay muchas personas mucho más merecedoras de tal premio.

Y el día que anuncien el Nobel para Vandana Shiva, creeré entonces en la validez de premios así.

La política económica actual: más desastroso que Chernobyl

¿Cómo hemos podido llegar a esto? A qué, os preguntareis. Y yo os digo: ¡A esto! ¿Es que no lo veis? A que lo blanco se ha hecho negro y lo negro… ¡áun más negro! Si aún seguis despistados, lo entiendo, pero me estoy dejando llevar por la furia - que es roja pero no del modo mediático al que se le está dando bombo - y el estrés de los exámenes. Por ello, dejemos tal furia a un lado y analicemos hechos puntuales a uno y otro lado del planeta, y centrados en este.

Según la teoría colonialista en la que aún seguimos sumergidos, Europa es el epicentro del mundo, el eje por el que todo gira. Para no dar matizaciones que no vienen a cuento, incluiremos a los Estados Unidos de America dentro de Europa, periféricos al continente como Gran Bretaña, o las Canarias. El mundo pues se rige y controla desde ese punto central del mapa, y es ahí donde, según las fidedignas teorías de la economía de Mercado, todo debe tomar partido bajo las reglas de su juego. Por lo tanto, y sin acercarme a ninguna pincelada adhocrática, el Bienestar tiene que comenzar desde este punto Cero en el que el mundo occidental vive.

Si todo lo mencionado anteriormente, con tintes puramente irónicos (pero respetuosos y con el sano propósito de la comicidad, para no herir a las masas adyacentes que lean este humilde blog) es cierto, las políticas monetarias y fiscales deberían no sólo dar ejemplo, sino aportar un bienestar real en el sentimiento global de la sociedad. Es ahora cuando la tormenta se avecina: ¡la crisis!. La virulenta crisis ante la que, como en Fuenteovejuna, las políticas de los países deberían aunar fuerzas y paliar lo que su fidedigno sistema dte mercado ha creado. Así pues, ahora más que nunca, la política económica debería estar al pié del cañon, ¿no es cierto?

He vuelto a la furia y al estrés, sólo de pensar que lo normativo y lo positivo vuelven a tener aquí un ejemplo de catástrofe humana. Quienes en teoría tienen la respuesta y la solución, en este momento, son los que escuchan a Pepito Grillo - a Keynes, quiero decir - como mínimo, y digo esto porque viendo el planteamiento social que hay, ni me atrevo a decir la solución que creo que está en mi mente, y creo también que vosotros sabeis que tengo (sí sí, no diré intervencionismo. No por ahora porque no tengo medios para huir con el petate y cruzar los Pirineos). Volviendo al asunto que nos concierne… ¡eso es! ¡Acudamos al laborismo y a la socialdemocrácia! ¿No…? Ah no, el laborismo inglés está encargado de comprar cocinas con los fondos públicos. Bueno, no perdamos la calma, en España quizás… ah, que tampoco. El PSOE - que a veces ya cuestiono la O - ha tenido la acertada idea de pedir un aumento de impuestos sólo para las familias de mayor renta. ¿¡Y en vez de pactar con el único partido de Izquierdas del Congreso pacta con CIU? A dónde vamos a llegar… ah sí, ya sé. Llegaremos a un Parlamento Europeo lleno de populares - los que piden beneficios para el sector de los yates, porque es bueno para combatir la crisis - partidos democristianos… e incluso un partido Anti-islámico, válgame Allah.

¿Cuáles son los planteamientos de política económica que estos señores pueden aportar al panorama en el que vivimos? Porque si la izquierda y no es izquierda, la que verdaderamente lo es se ha hecho víctima del voto útil (siendo más útil lo que está más lejos de la izquierda, que parece que vuelva a sonar a cantos bolcheviques y eso da miedo social) y la derecha cuando no está criticando se codea con esos que ya no son tan de izquierda… ¿a dónde vamos a llegar?

De hecho, ya hemos llegado. Los dos sistemas que conviven se han convertido en víctima y verdugo, y las políticas lógicas y acordes con cada ideal son  ya mera teoría a estudiar en las aulas. La propia codicia del Ser Humano y los ciclos económicos ya no atienden a razones, y yo quiero correr muy lejos y esconderme debajo de una roca. Pero como no puedo, seguiré estudiando para el menos tener la mente limpia por más tiempo, y que dure así lo que Dios y el colonialismo permitan. Ameen.

La pandemia de la privatización

Un día cualquiera en la vida de un ciudadano medio conlleva numerosas acciones mecánicas, típicas durante la edad contemporánea. Entre esas acciones, está por ejemplo la de ir a la Universidad. Y caminar por los pasillos de un centro de docencia y encontrarse con dos sucursales bancarias dentro de éste ya no nos parece nada raro. Qué triste. Podemos ver cada semana, incluso los que no somos tan forofos del fútbol, cómo la liga española ya no es “liga de primera división” sino “liga BBVA”. Los programas televisivos, que ya de por sí están cargados de publicidad directa y subliminal, vienen siempre precedidos por el patrocinio de alguien. Y la lista podría ser aún mayor, llena de ejemplos más o menos concisos.
La vida cotidiana de las personas se ha visto envuelta por lo que ya no parece evidente, pero que muchos consideramos catastrófico e incluso mísero. Es un hecho tan arraigado a la sociedad que apenas nos damos cuenta de la gravedad con la que ahora cuenta. Porque es grave ver cómo somos títeres de la privatización, que se convierte incluso en algo parecido a una lobotomía, arraigado en nuestro cerebros lavados que ya ven normal que todo ruede en la ruleta del capital, el máximo beneficio y, cómo no, la ley del más rico, y la poca solidaridad social

.

Si con esto no es poco, el descaro también se respira. Los consumidores domésticos son abofeteados con frases al estilo de “¡apuesta por las marcas!” o reiteraciones de que las marcas blancas no son la mejor solución alimenticia, coaccionando con la duda de si realmente las familias están bien alimentadas y nutridas. Cuando todavía no había peligro, los medios apostaban por las marcas blancas, ¿y ahora qué? Ahora hay que volver a teñir la mano invisible de gris, para controlar más las mentes con ideales potenciales de querer aplicar la lógica que mejor se adecue a sus bolsillos.
La situación empeora al ver que esto va de mal en peor. Ya conocemos que, volviendo al ejemplo estudiantil, Bolonia se convierte en la privatización que nos condenará a todos. ¿Veremos antes de cada clase un bonito cartel que diga “patrocinado por BBVA”? ¿Conseguirán rizar el rizo y patrocinar hasta la Seguridad Social (y mira que es contradictorio e incoherente…)? Desde luego, a este ritmo sí que lo harán.